Me extrañaba cuando mi hija mayor enviaba fotos de mi nieto. Está tan lejos y su vida para mi tan importante que sólo puedo recordar su abrazo infantil una vez en diez años. Marco está creciendo como si fuera nutrido con abono orgánico. ” No lo publiques por Facebook”, me exigía mi niña.
Lo que parecía un capricho, pronto tuvo la lógica más sabia al confrontarla en una charla telefónica. Obviamente al crecer ése muchacho y volverse tan apuesto, mi impulso de presumirlo ante mis amigos de las redes, era inevitable.
“Papá”, -me dijo, palabras más palabras menos…” los niños de ahora están expuestos por sus padres en las redes sin permiso de ellos, los jovencitos crecen con el estrés de una imagen impuesta donde se tienen que mostrar tal y como su mamá o su papá los describen y entonces ya no pueden ser ellos mismos, dejemos que el niño decida si quiere salir en las redes, qué imagen se quiere construir, y cómo se quiere definir.
El resto es poner presión sobre su personalidad y éso en éste momento de su vida, él no lo necesita. Dejemos que desde su propio celular construya su imagen, cómo quiere que lo vean los demás y no; cómo quiere que lo veamos los papás. Mientras tanto Él tiene su propio Internet. Yo decido con quién juega, con quien habla. No es sano someter a los niños a las redes sociales en épocas tan tempranas. La apariencia de un niño en realidad ante un adulto sólo tiene la reacción de sus parientes más cercanos… Divino!! Dicen las tías… hermosa ! exclaman los tíos y los abuelos y para eso están los grupos familiares !Que quede claro que no estoy refiriéndome a los innumerables juegos de destreza que manejan los infantes con sus laptops u otros dispositivos. Envidio la forma como la generación de ahora maneja esos aparatos.Pero mi hija sí tiene mucha razón.
Abrir una cuenta de Facebook un menor de edad y darle un celular, es igual o peor que mandarlo a que camine Solo por una zona de tolerancia.
Jorge Mario Yepes Velasquez
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