En el plano de la astrofísica encontramos que nuestro planeta Tierra, en nuestra geometría, sería como una canica en su tamaño; el Sol sería como un balón de fútbol, y la estrella Betelgeuse —en el hombro derecho de “El Cazador”, en la constelación de Orión— sería el estadio completo.La estrella Betelgeuse es 700 veces más grande que el Sol.
Hipotéticamente, si un ser humano caminara sin dormir, las 24 horas terrestres, se demoraría 80.000 años en dar la vuelta a esa estrella.Para acabarnos de aterrar, dentro del Sol caben 103 millones de “planetas Tierra”.Ahora, si el planeta Tierra es una canica, como dijimos en el plano comparativo del cosmos, entonces ¿a qué se compararía el ser humano en tamaño?¡Simplemente somos bacterias!
Pero con un cerebro tan evolucionado que alcanzamos a manejar, o por lo menos a percibir, volúmenes, tiempos, espacios e infinitos tan complejos como la metafísica y las concepciones universales de la existencia de Dios, cómo nos lo muestran Baruch Spinoza y Stephen Hawking.A partir del gran terremoto y tsunami que azotó la costa ibérica en el año 1755 y borró a Lisboa y a una cantidad de pueblos costeros del mapa, se empezaron a documentar y a analizar, de manera científica, las causas de los movimientos telúricos.
Antiguamente, solo se trataban de explicar como mensajes divinos, castigos de Dios o señales de algún evento extraordinario, como la muerte del Mesías (Mateo 27:50-51).Y lo más curioso: ¡un revolcón en la filosofía universal!
“Poema sobre el desastre de Lisboa”, escribió Voltaire, y fue contestado casi de manera alevosa, inmediatamente, por Jean-Jacques Rousseau con su “Carta sobre la Providencia”, con una diatriba que revolcó inmediatamente las ideas de Leibniz acerca de que “vivimos en el mejor mundo posible”, y puso patas arriba toda la filosofía de la Europa de aquel siglo.Ya vemos, pues, de qué tamaño somos y que, a pesar de presumir de un vasto conocimiento sobre el universo y las leyes de la vida, todavía no comprendemos nuestra miserable grandeza, viviendo en una piedra que flota en el espacio y que, en cualquier momento, puede estallar.Jorge Mario Yepes
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