Nos matamos de mentiritas… con cilindros de gas… ¡Gaas!
Todos esos muertos con cara de arrimados… ¡No! ¡Así no se vale!
Nos llenamos de muertos pobres, zarrapastrosos… ¡Ni un muerto bueno! Todos muertos de hambre.
No nos ha caído ninguna bomba gigantesca. Ni siquiera un misilito de esos que salen en las noticias.
No hemos tenido un miserable terremoto, ni un huracán. Esas cosas pasan más allá de la frontera. Aquí nunca. ¡Qué desespero!
Además, los misiles caen en otros países, en esos lugares donde la gente parece odiarse “de verdá verdá”.
No es justo.
Deberíamos pelear como en las películas: caer en cámara lenta, con la gota de sangre suspendida en el cuadro, morir más rápido y con estilo.
Estos fusiles de por acá dan pena; con balas de las baratas, y unas minas quiebrapatas, todas folclóricas… Nada que avanzamos.
Jm.