Estoy completamente entregado, en mente, a usted, señora.
Entiendo que mi amor por usted no está en ninguna poesía ni en ningún libro de biología.
Ya he revisado y no aparece ninguna referencia a algo semejante, ni a nada que produzca tanto insomnio.
Regularmente, a escala nanométrica, he investigado a fondo.
En el microscopio electrónico y en los quimioscáneres he descubierto que el rastro de sus labios es altamente contagioso.
Las partículas leptónicas aparecen con las uñas arregladas, los labios delineados y pestañas larguísimas.
Del Instituto de Ciencias e Investigaciones sobre la Luz me llegaron los resultados de un informe que solicité, después de haber logrado aislar la luz de su mirada.
Los resultados fueron sorprendentes.
El aporte nos servirá para crear una nueva máquina que dispare rayos de ternura.
Ya me puse en tratamiento para que los síntomas nunca se me vayan.
He botado los antídotos por el caño.
Y, por el temor de curarme… tampoco me baño.
Jm.