
Los muertos, en fila, lado a lado, hombro con hombro, ya no pueden voltear la cara para decirle al de enseguida:
—¡Te lo dije!
En el campo de batalla actual, donde ya no puedes pelear con escudo, lanza y espada ni mirar a tu enemigo a la cara, te van a enterrar… si encuentran tus pedazos.
Toda la ideología, las razones de peso, las verdades bíblicas, el marxismo, el comunismo, el capitalismo, el fascismo y hasta el mamagallismo…
Cuando estés muerto, ya todo da lo mismo.
Se supone que tenemos que vivir, defender la vida y dejar a los hijos en posición de ventaja. Al paso que vamos, no les dejamos ni la mortaja.
¿Qué objeto tiene apoyar a uno u otro bando?
Imagínense ustedes que alguien diga:
—A mí no me toca.
¿Una lluvia loca de misiles por miles?
Así suene poético, la estupidez con la muerte no hace rima.
J. M.
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